Ya sabemos todos lo que han pasado en las elecciones generales de 2015: el PP obtuvo una victoria simple, Mariano Rajoy tendrá complicado formar gobierno, los pactómetros se van a poner de moda y media Europa abre sus portadas con Pablemos en la plaza del Museo Reina Sofía. A lo largo de esta campaña que parece haber durado toda la vida, he tomado una serie de apuntes que finalmente no se convirtieron en post por si mismos. Por lo tanto, los he recuperado y reconvertido en este post del que podemos sacar algunas claves relativas al ganador (Partido Popular) y a los dos grandes perdedores: Izquierda Unida y UPyD.

El hipster del PP fue acertado

Soy consciente de que mi opinión no es mayoritaria. Me explico:

Dentro de los «microvídeos electorales» que se hacen en las campañas para internet, uno de los más llamativos estaba protagonizado por aquello que en francés se llama «generación bobo»: tres tristes hipsters de Malasaña muy preocupados porque el novio de su amiga, un barbudo gafapasta y potencial lector de Pitchfork, va a votar a Mariano Rajoy.

En las redes sociales muchos no dudaron en hacer el chiste fácil, crear memes y compartir el video para «reirse de los peperos», como si eso lo desacreditara. Al hacer eso, lo que estaban consiguiendo en realidad era dirigir el mensaje hacia donde quería el PP: el votante popular al que le da vergüenza reconocer que apoyará a Rajoy, en parte porque motivos tiene para ello. El eslogan final, «somos el partido más votado porque nos vota gente muy diferente», es uno de los mejores de toda la campaña.

Lástima para el PP que cometieran un error de cálculo: como parte del plan, tocaba subir en la cuenta de Twitter de Rajoy una foto del candidato con un «hipster». Y lo entrecomillo porque hubiera sido más acertado salir con el protagonista del anuncio, aún siendo un actor. En vez de eso, la foto compartida era de otro tipo barbudo, un militante popular, que en realidad resultaba ser un capillita rociero con apetencias por Amanecer Dorado. Es decir: habían mentido. Para arreglarlo, el comité de campaña contraatacó con otro video que recalca la idea principal y en el que, ya de paso, aprovechan para reirse de quienes les criticaron.

Y parece haberles funcionado: 7 millones de votos, 123 escaños.

En resumen, creo que este enfoque de «nos votan de todas clases» (junto con la apuesta por el voto rural) uno de los pocos aciertos que ha tenido el PP en esta campaña por dos razones: 1) el votante dubitativo del PP puede optar por Ciudadanos o abstenerse, y 2) lo que menos le gusta a una persona es que venga alguien a darle lecciones morales sobre a quién debe votar, en vez de persuadirle para que cambie de parecer.

UPyD: los bordes no suelen caer bien

Un mantra repetido entre los partidos que han fracasado es el «silencio de los medios de comunicación», sin tener en cuenta que Podemos y Ciudadanos les robaron el show porque tenían más tablas en medios de comunicación, más capacidad de marcar agenda y más credibilidad como «nueva generación política». Ni Izquierda Unida (creada en 1986) ni la UPyD de Rosa Díez (en activo desde 1977) podían vender eso, pero los magenta aún tenían una baza que han desaprovechado: su lucha judicial contra la corrupción, entre ellos el caso Bankia.

A lo largo de su vida que ya parece acabar, UPyD nunca ha sido un partido simpático. De hecho, han culpado de todos sus males a la gente que no les ha votado, y tampoco han logrado que sus votantes se sientan partícipes de lo conseguido. Eso te limita mucho si consigues 1,1 millones de apoyos entre 22 millones de votos válidos. Lejos de corregirlo cuando Ciudadanos les estaba comiendo terreno, la propia Rosa Díez ha reforzado ese rechazo con una frase que destila prepotencia: «habíamos creado un partido para Dinamarca en España». Como si ellos fuesen el Real Madrid pero estuvieran obligados a jugar en el campo del Villaverde Boetticher.

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También podríamos hablar de la cutrez que ha rodeado a toda la campaña electoral, a pesar de que disponían de medios suficientes.

La reacción habitual a comentarios así es «tú te lo pierdes», y así ha pasado: cero escaños, un millón de votos menos (tienen 153.000) e incluso les ha superado el Partido contra el Maltrato Animal (PACMA), al que no le ha hecho falta aparecer en ningún debate electoral. En UPyD estaban tan obsesionados con salir por televisión (hasta disfraces de gallinas) que se han olvidado de lo básico: empatizar.

Y desde luego, anunciar la retirada de tus procesos judiciales contra la corrupción echándole la culpa a quien no te vota es la traca final.

Sólo con Twitter no se ganan escaños

Izquierda Unida tiene razones para quejarse de la ley electoral: sacar un escaño en circunscripciones pequeñas les cuesta Dios y ayuda. Sin embargo, su último fracaso (2 diputados por Madrid… y nada más) no se debe solo a eso. Han perdido más de 700.000 votos, el partido está destruido a nivel interno, Podemos ha obtenido 69 escaños (ni Anguita) y todo ello, sumado a las deudas acuciantes, deja a IU al borde de la serie B.

Las únicas opciones de Alberto Garzón pasaban por Madrid y alguna sorpresa de última hora. No es de extrañar, pues, que la campaña en redes sociales estuviese centrada en Garzón a unos niveles de personalismo similares a los de Pablemos en las europeas de 2014. ¿Cómo es posible? Por el cacao de marcas que tienen: Izquierda Unida está devaluada aunque sus cuentas son las que más seguidores tienen; la marca de la coalición «Unidad Popular» nunca llegó a cuajar… ¡y en otras comunidades se presentaban con Podemos! Un cachondeo. Al menos fueron creativos.

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Mucho «Melofo» y poco «Melovo…to»

Además de este berenjenal, está el asunto del tono seguido en Twitter y Facebook al que ya dediqué un post la semana pasada. Con todo el mundo centrado en cuatro partidos, ellos hicieron ruido para que la gente no se olvidase de que seguían ahí. Y no me parece mal. El problema es que daban la sensación de que todo les valía: memes, chistes internos, las modas de turno… En este reportaje de El País se explica la estrategia que seguían:

Es decir, el objetivo no es (o no únicamente) hacer reír a los seguidores, sino movilizar a la militancia y a los simpatizantes en redes. Miguel añade que esta clase de comunicación “nos permite escuchar a la gente. Antes se lanzaba el mensaje y ya está, pero ahora se busca el diálogo”. La estrategia también les permite identificar diferentes grupos de personas que les siguen.

Hasta aquí, todo correcto. Se trabaja así. No obstante, se obsesionaron con ser virales todo el rato. Muchas referencias eran forzadísimas, incluso metieron el video de «los Burlaos». Y ese tono guasón te sirve para crecer en seguidores, pero difícilmente se rentabiliza cuando Twitter no es representativo de la sociedad y la mayoría de votantes de izquierda están precisamente hartos de sentirse la minoría. Quieren ganar por una vez. Y Podemos se los ha llevado con un discurso ganador, mucho más eficaz que subir vines de gatos.

Resumido: unos vendían cambio y otros vendían gifs de Tumblr.

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