La película de la semana: Goal 2

munez

Si hay una figura poderosa en España sin necesidad de implicarse en política, esa es el presidente del Real Madrid. Y Florentino Pérez, en sus dos etapas al frente, se ha caracterizado por dos cosas: fichar estrellas a precios astronómicos para ganar títulos (los llamados “Galácticos”) y modernizar la institución convirtiéndola en una máquina de hacer dinero. No es extrañar pues que le pareciese buena idea prestar su imagen para hacer una película como Goal! 2: Living the Dream (2007), parte de una trilogía en la que el mindundi latino Santiago Múñez se convierte en estrella del deporte.

(Y no, Santiago Múñez no es Castolo del Pro Evolution Soccer. Aunque podría)

Pero si la primera parte de la saga todavía se podía ver, en esta segunda nos encontramos ante una cascada de despropósitos, provocados por un guión infame, que terminan con un producto tan errático como el Real Madrid de aquellos años. A saber: después de que Del Bosque fuese cesado, el equipo estuvo tres años sin ganar una competición relevante y Florentino dimitió de la presidencia meses antes del estreno, en febrero de 2006. Revisionada ocho años después, Goal! 2 se queda en un producto freak de bonito envoltorio, con cameos de futbolistas de talla mundial, pero vacío en contenido a imagen y semejanza de la “era Galáctica original”.

Lo más divertido de la trilogía Goal! no está en el argumento, sino en los problemas que tuvo para salir adelante. Se esperaba que la primera parte fuese dirigida por el prestigioso Michael Winterbottom, mientras que Diego Luna haría el papel principal. Pero el director acabó enemistado con los productores y se marchó a la francesa, provocando meses después la salida de Luna por el parón en el rodaje. Para suplirle se contrató al también mexicano Kuno Becker: galán de culebrones, actor de doblaje y ganador del premio TVyNovelas 2001 a la “mejor pelea”, entre otras cosas en su definición de Wikipedia.

La segunda parte resultó menos accidentada porque partió de la misma base: idénticos protagonistas, algún secundario con talento (Alessandro Nivola, Rutger Hauer) y una muy buena dirección a cargo de Jaume Collet-Serra, quien ahora tiene un currículo para estar orgulloso. Si el Real Madrid fue fundado por dos catalanes, parece de justicia que otro también se encargara del rodaje. Aun así, la taquilla no fue satisfactoria y la tercera parte salió directamente en DVD, con menos de la mitad de presupuesto y mucho chroma de por medio. Claro ejemplo de que los productores fueron los responsables del hundimiento.

Así, así, así gana el Madrid

Santiago Múñez es lo que en periodismo deportivo se llama “chico sencillo” cuando se quiere decir “con menos carisma que una baldosa”. Tras una buena temporada con el Newcastle United está dispuesto a dar un giro de 180º cuando el Real Madrid llama a su puerta. El objetivo no será solo triunfar en la Casa Blanca, sino también acostumbrarse al elevado tren de vida de los Galácticos sin volverse un gilipollas. La influencia de su compañero y amigo Gavin Harris, todo un putero bon vivant, le complicará las cosas.

Para darnos cuenta de que el Real Madrid pone la imagen con sumo gusto, nos topamos con primeros planos del dream team: Raúl, Ronaldo, Zidane, David Beckham, Pavón y Diogo, Sergio Ramos… Todo se resuelve en una extraña negociación en Tokio (justificada con una gira internacional) en la que el presidente Florentino Pérez hace acto de presencia para decir en castellano “Bienvenido a este mítico club, te voy a presentar a nuestro entrenador“. Lástima por todos los que esperábamos una pronunciación del inglés a lo Emilio Botín.

Sí, el señor que presenta Al Rojo Vivo también sale.
Sí, el señor que presenta Al Rojo Vivo también sale. Era dircom del Madrid.

Floper volverá a aparecer en la presentación ante el Santiago Bernabéu para estrechar la mano de su flamante fichaje, en compañía del presidente de honor Di Stéfano, al que todo esto de hacer cine le suena de algo. Hasta este punto dan lo que prometen: pese al montaje en forma de videoclip, todo está centrado en un Castolo de la vida que quiere progresar para convertirse en titular.

La clave para hacerlo “más veraz” fue montar partidos de verdad con interpretaciones ya no tan buenas dentro del Santiago Bernabéu. Intentando salvar la brecha de la mejor forma posible, Múñez llega a “saltar” al césped con el once titular de un partido oficial. Esto les permite crear todo tipo de situaciones que no se corresponden con la realidad. Por ejemplo: el último choque de la película es una “final de la Champions League” en casa (Oh casualidad) contra el Arsenal FC que termina con victoria española por 3:2, cuando en realidad corresponde a una derrota en octavos de final. Lo único de verdad es el gol de Henry. Retoques fotográficos Stalin.

"¿López Caro? No le conozco. Tu nuevo entrenador es holandés"
“¿López Caro? No me suena. Tu entrenador es este señor holandés y Oceanía siempre ha estado en guerra con Asia Oriental”.

Si con los partidos salvaron los muebles, siendo lo que peor podía quedar, ¿en qué la cagó Goal! 2 para tener solo un “4” en Filmaffinity?

Tramas familiares de relleno y mal acabadas

A los 20 minutos aparece de la nada Enrique (Curro en Los Serrano); un niño de clase baja, cuyos padres trabajan en un bar, que se dedica a robar carteras de los clientes (ahí, en confianza) y a jugar al fútbol en un ambiente irreal, más cercano a Ciudad de Dios. Después de que su madre le pillara “con las manos en la masa”, le pone de ejemplo social a Múñez… y le desvela que es su hermano mayor. ¡Toma trama con calzador! ¡Ahora resulta que el prota mexicano tiene una madre secreta en España!

Se supone que esto es Madrid, pero parece una favela.
Qué nostalgia jugar al fútbol en el barrio, el bocata de Nocilla viendo “Supergol” y que un yonki te atraque con una jeringuilla usada.

Para más inri, casi toda la historia secundaria está basada en los orígenes familiares de Santiago, por lo que los celos de la mujer al vivir alejado de su marido quedan en un segundo plano.

Con la llegada del niño todo se complica. Al descubrir que su madre muerta en realidad sirve cañas, Múñez entra en una espiral autodestructiva. Hace anuncios de mierda, no sale de la suplencia, se lesiona varios meses por una caída estúpida y una presentadora le emborracha para sacar un “posado robado” en las revistas del corazón. Pero esto podía haber sucedido sin necesidad de meter familiares con calzador. ¿Qué hace Santi para reconciliarse con sus raíces? Buscar al hermano después de un entreno. ¿Qué hace Enrique a cambio? Joderle el navegador del coche y robarle la bolsa de deportes.

Por si Enrique no era suficientemente odioso, sigue a Múñez hasta una discoteca y le roba su Lamborghini blanco, que podrá conducir perfectamente a pesar de no llegar a los pedales, porque el muy gilipollas del dueño dejó las llaves en la guantera. Esta estupidez solo podía resolverse haciéndola más gorda: el astro detiene un taxi conducido por Santi Rodríguez (¿?) y se produce una persecución que termina con el crío empotrado en un quiosco, medio muerto en el hospital. Solo puede tomarse en serio si fuese un homenaje al accidente de Loli Álvarez en La Cibeles, pero no van los tiros por ahí.

¿Por qué robas coches? ¡Pa' hacerme el chulo!
“Ni Dadinho ni leches, ahora me llamo Zé Pequeño, gilipollas”.

Al final, Múñez vuelve al barrio para conocer a su madre secreta, saluda a su hermanito que solo se rompió el brazo a pesar de que le caen encima 50 kilos de metal, y todos son felices y comen perdices. En menos de diez minutos. Toda una declaración implícita de los guionistas de que esta parte sobraba. El niño actúa bien, la culpa es de quien pensó que era buena idea.

Gravesen se merece el Premio Goya

Dejando de lado este absurdo, Goal! 2 alcanza sus mejores momentos cuando trata las relaciones entre futbolistas y alguno del primer equipo incluso se anima a soltar dos frases. Pero casi todos los cameos se limitan a interminables rondos en el vestuario o en los entrenamientos. No hay salidas de tono para no perjudicar al Real Madrid, que para eso paga. Del mismo modo, en los créditos tienen los huevos de citar a futbolistas de otros clubes cuando solo tomaron imágenes de partidos reales y no intervienen con frase.

Dentro del fútbol más distendido, por un lado están las concentraciones pre-partido en las que los únicos que interactúan cinco segundos son Topor Iker Casillas, riéndose de Múñez por hablar con una presentadora de TV (Hola Sara), y Gravesen… haciendo de Gravesen. Entre él y el otro jugador ficticio, dejan al protagonista en pelotas en el hall del hotel. Cómo no te voy a querer, Thomas.

Por otro lado, están las fiestas con lujo de por medio, en las que solo Michel Salgado se atrevió a aparecer. Para nuestra desgracia, no son tan desfasadas como el Halloween de Benjamín. Pero sí aparece una clave histórica en el Real Madrid de la era moderna: los putones verbeneros que van a la caza de un marido futbolista, fielmente reflejadas en la canción “El cumpleaños de Ronaldo“, y que aquí se retratan con este sonrojante diálogo entre dos aspirantes.

– Qué culo tiene. ¡Voy a tirármelo!
– Yo creía que tenía novia
– ¿Qué más da?

Es una auténtica pena que el guión no se orientara solo a la fama y el deporte. El resultado habría sido mejor. En lugar de eso, metieron tramas familiares mal desarrolladas y los productores dieron la sensación de que se la suda Santiago Múñez, un protagonista muy olvidable y falto de chispa. Eso queda claro cuando el gol de La Décima, el 3:2 decisivo que debería encumbrarle, no lo mete él sino David Beckham. Y tampoco se les ve levantando un título porque el Real Madrid, en el fondo, no tenía nada que celebrar.

Uno di noi / Castolo uno di noi
Julien Faubert, fichado. Como ya adelantó Marca.
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