El fracaso de Dreamland era previsible

Cuatro llevaba promocionando Dreamland desde 2013 y la jugada le ha salido rana. Esta serie, que trata sobre “jóvenes que persiguen sus sueños de triunfar” y que en realidad eran coreografías entre diálogos sin vocalizar, fracasó en el estreno (4,6%) y se hundió al segundo episodio (2,7%), razón por la que ha sido relegada del prime time a la madrugada del jueves. Podríamos estar ante un error televisivo más, pero es el fiel reflejo de que la estrategia de Mediaset para Cuatro brilla por su ausencia. Y tras conocer el producto un poco mejor, existían razones de sobra para haberlo previsto.

"Buscábamos artistas concretos. No buscábamos un físico concreto". Menos mal.
“Buscábamos artistas. No buscábamos un físico concreto”. Menos mal.

Sobre Dreamland había muchos problemas. El más evidente es que no tenía ni pies ni cabeza. Cuerpos esculturales los que quieras, pero sentido común, cero. ¿Y es algo que podamos achacar a un equipo de gente? No, porque detrás de ello había un hombre-orquesta: Frank Ariza. Si prestáis atención a los créditos, veréis su nombre en la idea, guión (único guionista acreditado, nada menos), producción y dirección. Él era la serie, el resto daban igual. Hasta tal punto que una de las pocas caras conocidas, Adriana Abascal, grabó el piloto pero no apareció tras pelearse con su representante. ¿A que no adivinan quién era? Todo parece indicar que no fue la única afectada.

Frank, que no tiene ninguna relación con el Ariza de Intereconomía, fue reportero de famosos antes de dedicarse a la producción con su compañía “Dreamland World“. Si triunfaba con esto, no solo lograba éxito comercial sino que se arreglaba la vida como representante. Cuando presentas un proyecto personal difícil de explicar hasta para tí es complicado sacarlo a la primera, en especial si no te rodeas de la gente adecuada. Y aunque el muchacho empezó la casa por el tejado, sí logró algo muy importante: un buen patrocinador (Coca Cola) y el apoyo de un pez gordo.

Aquí entra en juego Paolo Vasile, presidente de Mediaset España. Vasile compró Cuatro para restarse competencia, pero en vez de mantener su imagen de tele ‘progre y alternativa’ le quitó cualquier rasgo de personalidad y la hundió en audiencia por debajo de LaSexta. Dreamland era una buena idea para relanzar la cadena y conquistar al público juvenil. Y para que todo saliera bien, no dudó en supervisar el producto y permitirle de todo. Hay un excelente artículo de Juanma Fernández en Vanitatis que explica mejor que yo todo lo que la rodeó.

La primera duda llegaba tanto por su concepción como por su desarrollo. El equipo compartió un año y siete meses de castings, formación, convivencia y viajes antes de crear la serie. De esta forma se crearon unos personajes similares a los actores que les dan vida. Algo inaudito –y costoso– en nuestra ficción y que incluso era difícil de explicar para sus creadores.

{Risas enlatadas}
{Risas enlatadas}

Partiendo de la premisa de series juveniles como Un Paso Adelante, se pensó que en Dreamland bastaría con un par de caras guapas y asociar el personaje al actor. Pero incluso en la producción de Antena 3 había gente que sabía lo que hacía, junto a un grupo de intérpretes más o menos contrastados. Aquí nadie conocía a nadie. El peso en la trama recaía en modelos y bailarines sin experiencia actoral, dentro de una sucesión de escenarios inconexos con canciones y bailes, a veces inapropiados para la situación. Como no eran conocidos tampoco había un protagonista definido, y si es difícil acordarte de dos nombres sin carisma, imagina los de quince… Imposible empatizar.

Tan mal pintaba la cosa que ni siquiera convenció a Mediaset. El proyecto se presentó en verano de 2012, el rodaje se alargó durante más de un año y el estreno se demoró hasta encontrar un hueco donde encajarla. Al final se optó por el día menos idóneo para su público objetivo: el prime time del viernes, cuando (casi) todas las niñas que podrían forrar carpetas con fotos de los actores no pueden verla, pues han salido de fiesta o están arreglándose para darlo todo. Aun así, las que sí se quedaron delante de la tele pasaron de Dreamland a la semana siguiente.

Yo diría que sí.
Yo diría que sí.

Mediaset es experta en anunciar proyectos ambiciosos y dejarlos aparcados porque no pasaban las pruebas de calidad. ¿Cómo es posible entonces que aceptasen Dreamland con todo lo que tenía detrás? Por pura desesperación. Cuatro es hoy un canal desprovisto de todo lo que le hizo triunfar años atrás, así que el grupo aceptó el primer proyecto que pasó por la puerta y esperó a que el público joven (al que abandonó) se lo comprase con los ojos cerrados. ¡Qué faena que para ver una serie haya que tenerlos abiertos!

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