“Yo pude ser Bota de Oro”

Clase.
Clase.

Uno de los premios más importantes del fútbol europeo es la “Bota de Oro”, que en los últimos años se ha convertido en una competición más entre Messi y Cristiano Ronaldo. El sistema actual se introdujo en 1996 para dar más mérito a los anotados en ligas importantes, pero hasta 1991 su funcionamiento era más simple: lo ganaba el que más metía en ligas profesionales, sin distinción entre Oeste y Este. Después de varios escándalos y una protesta formal de la federación chipriota, L’Equipe dejó de otorgarlo durante cinco años hasta que lo adaptaron.

Ese parón coincidió también con un verdadero boom de nuevas ligas nacionales (la mayoría de estados recién independizados), que en sus primeros años de vida depararon cifras escandalosas. En este post se conoce brevemente la historia de aquellos jugadores que fueron máximos goleadores de Europa pero quedaron sin reconocimiento. Ally McCoist al menos pudo recogerlo. Ellos no.

Dave Taylor (1993-94)

dave_taylorHaciendo una simplificación enorme, podríamos decir que la liga de fútbol de Gales existe “por obligación”. Como todos los clubes galeses jugaban en las ligas inglesas, la FIFA pidió a su Federación -tras las quejas de algunos miembros- que creasen un campeonato nacional propio. Y cuando se fundó en 1992, solo quisieron jugar allí los equipos amateur sin nada que perder. ¡El peluquero de tu barrio o el reponedor del Tesco podían ser estrellas los fines de semana!

En su segundo año de existencia sobresalió Dave Taylor, delantero del Porthmadog, que logró la friolera de 43 goles, casi la mitad de todos los que anotó su equipo en la temporada 1993-94. Y no valieron para nada en liga porque encajaban tantos como marcaban. Pero en torneos con un nivel competitivo de risa eso era lo de menos, así que el récord se lo quedó. Taylor pudo vivir de las rentas en “mejores” equipos (lo de “mejor” es un decir) del campeonato galés, del que nunca salió, y se pasó a los banquillos cuando su cuerpo dijo basta.

Sin embargo, si hubo un goleador que destacó aquel año fue Andy Cole en Inglaterra. Nada más y nada menos que 34 goles en 40 partidos con el Newcastle, que llamaron la atención del gran Manchester Utd. de Sir Alex Ferguson al año siguiente. Taylor pasó desapercibido en Gran Bretaña.

Cualquiera podría pensar que 43 goles son difíciles de superar, pero alguien lo consiguió con un promedio mejor. Y quien lo hizo fue además compañero de Taylor en la delantera del Porthmadog. Marc Lloyd Williams (Bangor City) marcó 47 tantos en la temporada 2001-02, récord histórico de la Premier galesa.

Arsen Avetisyan (1994-95)

ppqqzyg9s8g1p1qsA nadie le extrañará si digo que la liga de Armenia es una de las peores de Europa. Aunque nos han aportado al panorama internacional a Mkhitaryan (Borussia Dortmund), es muy difícil que exporte buenos jugadores y no digamos ya que sus clubes despunten en torneos oficiales. El país consiguió su independencia en medio de una guerra territorial con otro nuevo estado (Azerbaiyán) que no se detuvo hasta 1994, y en ese contexto es evidente que el deporte no fuese la mayor de sus preocupaciones.

En el mismo año que finalizó la guerra también destacó nuestro protagonista. Avestiyan fue el máximo artillero de la liga con 39 goles, conseguidos con la elástica del Homenetmen (actual FC Pyunik) pero que no sirvieron para ganar el título. La facilidad para anotar en el campeonato armenio ya quedó patente en 1992, cuando dos jugadores superaron los treinta tantos, pero fue Arsen quien tuvo sus quince minutos de fama. Su olfato goleador le permitió jugar en las divisiones inferiores de Rusia, meritorio cuando pocos de sus compatriotas salían de allí. Pero al no progresar regresó a su país, al equipo que le vio “nacer” en el ámbito deportivo. A su retirada en 2011 había logrado cinco ligas (todas con el Pyunik) y una copa. Y a diferencia del resto de personas que figuran aquí, él sí fue internacional.

El otro gran artillero del ’94, también de una liga de chichinabo, salió del eterno rival armenio: Musa Qurbanov anotó 35 tantos con el Turan Tovuz de Azerbaiyán y nunca más supimos de él.

Zviad Endeladze (1995-96)

.En el último año que no se entregó la Bota de Oro, el máximo goleador de todas las competiciones continentales fue este señor. Georgia, país caucásico del que tenemos muy pocas noticias, dio años atrás a dos futbolistas que fueron los máximos artilleros europeos, ambos con experiencia en el extinto fútbol soviético. Otar Korgalidze logró la friolera de 40 tantos en la temporada 1991-92, superada un año después por su compatriota Merab Megreladze (41). Sin embargo, su récord no se tuvo en cuenta para las estadísticas europeas porque los georgianos aún no eran miembros de la UEFA, así que se le reconoce ese honor al escocés Ally McCoist.

Endeladze igualó la marca de Korgalidze con 40 goles que ayudaron a su club, el Margveti Zestafoni, a finalizar subcampeón tras años de mediocridad. Por edad llegaba tarde (30 años) pero no lamentó salir de allí porque en la temporada siguiente fichó por un club de la segunda división rusa, el Luch-Energiya de la lejana Vladivostok. Doce meses después volvió a su tierra para jugar prácticamente en el primer equipo que le llamara a la puerta.

De haberse establecido la Bota de Oro un año antes con el nuevo sistema de puntuación, Endeladze tampoco la habría ganado. Lo más seguro es que Alan Shearer (Inglaterra) y Juan Antonio Pizzi (España), ambos con 31 goles en aquella temporada, lo hubiesen compartido.

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