La película de la semana: “Veredicto implacable”

La pesadilla de un maquetador.
Esta portada es la pesadilla de un diseñador gráfico.

¿A qué chaval no le gustó en su momento el cine de artes marciales? Ver a gente repartiendo hostias hasta quedarse sola siempre es divertido y muchos videoclubes en los ochenta y noventa se llenaron de cintas de baratillo sobre el género, tanto asiáticas como occidentales. Era algo fácil de producir. Y España no podía ser una excepción. Aunque existan pocos ejemplos, como la canaria “Karate contra mafia”, haberlos haylos. Quizá el más conocido entre los pioneros, y aun así sigue siendo una rareza, sea “Veredicto implacable” (1987), directamente estrenada en formato vídeo, que se vendió en el trailer como una producción de “Trepidante acción“… y ni siquiera se acercó. Café Caracoles no podía dejar pasar la oportunidad de revisionar esta joyita castiza, rodada entre Madrid y Marbella. Pichi / ese ninja que castiga.

El director es nada más y nada menos que Mariano Ozores, referente del destape y autor de comedias-españolada tipo “Los bingueros” y “Que vienen los socialistas“. ¿Cómo es posible entonces que alguien así produjera una película de acción y mamporros? Porque estaba haciendo un favor al productor y viceversa. Gracias al blog “Ozoristas” sabemos que Carlos Cascales, un distribuidor de videoclubes (y que años después fue asistente de producción en Farmacia de Guardia) le garantizó trabajo si capitaneaba un proyecto escrito e ideado por sus hijos.

El logo de la productora da una idea del cutrerío.
Por el logo de la productora puedes intuir el nivel de caspa de lo que verás.

Dado que España ha sido siempre una cantera de artistas marciales, fue fácil contratar materia prima profesional. Los cuatro protagonistas eran campeones nacionales de kárate y kung fu, sin experiencia dramática, que se interpretaban a sí mismos. Y José Manuel Egea (paisano de Leganés) fue la estrella: el mismo año del estreno se proclamó el mejor del mundo en kumite y aún sigue vinculado al deporte con cursillos eventuales (uno de ellos con Cynthia Rothrock, actriz en Undefeatable) Pero no era el único: José Manuel Galán es entrenador en la Federación Madrileña, por ejemplo. El hecho de que el grueso del reparto fuese novel (y no lo hacen mal, dadas las circunstancias) no convenció a Ozores, quien pidió meter algunos actores famosos en el reparto para trabajar. Los elegidos fueron el mítico Jesús Puente y un par más que veremos a continuación. De hecho, él fue reclamo hasta tal punto que presentaba a los karatecas antes de empezar la película. Un corte de rollo en toda regla.

Y si el presupuesto para el rodaje ya era escueto, esos gastos finales provocaron que el resultado final fuese un cuadro de comedor: guión pobre que encima fue mal adaptado, coreografías extrañísimas, música ochentera de sintetizador, gente a la que doblaron la voz en postproducción y un largo etcétera que convierten el trailer de arriba en un chiste malo. Porque combates solo hay cuatro y el resto son relaciones personales, flashbacks y chapas conversacionales.

Sin hostias no hay paraíso

Pero pasemos al asunto. ¿Qué lleva a un instructor de artes marciales a combatir el crimen? Un atraco. Nuestros protagonistas, después de una extraña presentación con entrenamientos de niños mirando a cámara, salen de copas con sus respectivas. Uno de ellos necesita dinero y se marcha junto a la novia al Bankia Caja Madrid (que se note quién te financió) para sacar dinero del cajero automático, en una escena que dura más de un minuto y donde incluso vemos como teclea el código pin. Y música ratonera. Lo que uno espera por “trepidante acción”.

Pero cuando terminan el proceso, dos quinquis les abordan y el muchachote recibe una puñalada por la espalda que le manda al hospital. Cualquiera podrá pensar: “Pues vaya mierda, este tío es cinturón negro y le dan el palo en el cajero“. ¡Error, Chuck Norris de andar por casa! Lo primero que te enseñan en una clase de karate o judo es que si te pasa algo así, lo más sensato es evitar el enfrentamiento. ¡Hay que tener cabeza!

Nuestro protagonista José Manuel es en la peli hijo de policías. De hecho, su “padre” (Manuel Zarzo) es un poli retirado amigo del inspector Enrique (Don Puente), quien le explica que se conocen porque “combatimos en la Resistencia” (¿?). Con semejante ambiente, el chico está cansado de dar clases a niños en un gimnasio de Argüelles y quiere meterse en los GEOS para “aplicar justicia” (entiéndase “mátalos a todos y que Dios los seleccione”). Sin embargo, Enrique quiere evitarlo con una charla sobre las leyes, los derechos de los presuntos culpables y un discurso demagógico de “¿y quién protege al débil?” que bien podría firmar Ana Rosa Quintana. Y su padre hace algo parecido frente a un desayuno sacado de Médico de Familia.

Hijo, no deberías ser poli. En vez de eso tómate un sano y nutritivo desayuno de nuestro patrocinador… ¿se ven bien las marcas?

Ninja askatuta

¿Desanima esto a José Manuel? Ni mucho menos. El tío pasa por completo de las indicaciones y, junto a sus tres amigos, se monta un grupo para tomarse la justicia por su mano. En sus propias palabras, “no dejar que por legalismos estúpidos los delincuentes se libren“. ¡Chúpate esa, código penal! Es aquí donde entra el otro reclamo de la cinta: motherfucking ninjas. Aunque más bien parezcan una logia de la masonería con kimono.

Hola, soy ficha roja / Y yo soy la ficha azul / Hola, yo soy el dado…

Después de localizar al camello agresor en tremenda investigación digna de The Wire, uno de los tíos se pone un traje de kárate negro y un pasamontañas para asaltar la casa, golpear a los dos yonquis, ponerles una pegatina en la cara y dejar sobre la mesa la prueba policial necesaria para encarcelarlos: la navaja que clavaron al joven deportista. Como dirían en la poco recordada serie Ketty no para, “quien roba a un ladrón, obtiene un balón“. Los chicos que interpretan a los drogatas, por cierto, demuestran que los karatecas profesionales no eran ni de lejos los peores actores de la producción.

– Anda tu madre, ¿esto es una alucinación? – ¡Pero si todavía no nos hemos picao!

Una vez cometido el allanamiento de morada, otro de los muchachos llama a la policía e informa de lo sucedido para que acudan a la escena del crimen que, paradojas de la vida, ellos mismos habían cometido. Con disimulo y discreción.

¿A qué clase de persona se le ocurriría poner ESO en su coche?
¿A qué clase de persona se le ocurriría poner ESO en su coche?

Aunque ellos crean haberlo hecho bien, el inspector Enrique no es idiota y se da cuenta de todo, así que se dedica… a filtrar información a lo Iker Casillas con objetivos a detener. El primero es un infeliz violador al que dejan inconsciente agarrándole fuerte de los testículos (literal). Y poco después, complica la cosa con un ataque organizado para robar droga en un almacen de la Cruz Roja, repleto de cajas vacías y donde solo trabajan viejecitas. Los cuatro consiguen unos trajes a juego en Deportes Periso, pillan por sorpresa a los malhechores y salvan el día. Todo ello con unos combates tan mal coreografiados como el pressing catch boliviano. Cuando Jesús Puente llega al lugar y se encuentra a los traficantes colgados por los tobillos, suelta la siguiente frase digna de Horatio Caine en CSI Miami. Con la confianza que da no haber hecho el trabajo sucio.

– ¡Hombre, Paco el camello! Ya sabía yo que tanto traficar con drogas te iba a hacer andar de cabeza. (Por desgracia no sonó esto después)

Todo va viento en popa para “Los cuatro fantásticos” hasta que la peli cambia de registro. Dos señores han raptado a la madre y a Sara, la hermana de José Manuel, para chantajear a su padre. ¡Pertenecen a una banda de narcos a los que jodió una entrega en Andalucía! Sí, se ve que “un mago” (o una laguna en el guión) hizo que el poli retirado volviera al trabajo sin decir nada. De este modo, lo que se inició como una cruzada contra lúmpenes tiene visos de terminar como el Rosario de la Aurora, pues disparan a la madre al huir. ¿Por qué se produce semejante cambio en los acontecimientos? ¿Cómo es que el secuestrador se queda quieto dos segundos hasta que la madre le patea? ¿Por qué no dejó rastros de sangre a pesar de que “tiene la bala en el cerebro“?. UN MAGO.

Pero hete tú que la hermana, a pesar de seguir secuestrada, fue lo suficientemente lista para grabar a los atracadores en la casa con su walkman. El inspector Enrique ata cabos, saca una lista de sospechosos y se alía con el joven José Manuel y su banda de ninjas-chulos-que-castigan para buscar en Marbella a Don Fernando, el jefe de la banda (un señor con acento sudamericano y pinta de dandi). ¿Cómo le localizan? Porque a pesar de creer lo contrario, a los secuestradores se les cae una caja de cerillas del restaurante que lleva su nombre. Y también porque de los tres sospechosos la suya es la única foto en color, por si no era lo bastante obvio. A la Costa del Sol solo van dos de los cuatro karatecas, posiblemente porque el productor no quiso pagar más viajes. El primer intento de acabar con Don Fernando es un fracaso absoluto, pues Manolo, oculto en la arena de la playa, cae derrotado por tres matones con pistolas, mala hostia y peores intenciones. 

El tubo es la clave.
Ahora no me ves, ahora sí me ves.

El tío termina atado de pies y manos en un pajar, no sin antes ponerse to shulo ante el acaudalado traficante. Pero consigue salir de ahí gracias a una afilada estrella-colgante que usa para romper las cuerdas. Se supone que un secuestrador de verdad se la habría quitado, más aún cuando en las cárceles requisan hasta los cordones de los zapatos. Pero ya dije que el guión era una puta mierda, no vamos a sorprendernos a estas alturas. En ese momento José Manuel se reengancha con un traje ninja de camuflaje militar y los dos acuden rápidos al asalto de la narco choza. De nuevo sus estrellas-colgante vuelven a jugar un importante papel en la resolución de conflictos. Veinte segundos que son mejor verlos que contarlos.

Después de esto derrotan a una sucesión de matones mazados sin camiseta, pues Ozores también sabe venderse al público femenino; liberan a la secuestrada, noquean a más gentuza y Egea se marca un combate final ante un gorilón gigante, al cual mata. ¿Con la voluntad del guerrero? No; con una zancadilla por la que el muy idiota se clava un rastrillo en el abdomen.

Sujeta eso con las manos para que parezca estar clavado“, le dijo el director.

Pero… pasará algo más, ¿no?

No. Fueron felices y comieron perdices. El narco es detenido en un bar, todos acaban emparejados y Jesús Puente se queda deseando que una de las nuevas teles privadas le fiche para “Su media naranja“. Mientras te cuelan los títulos de crédito, aún hay tiempo para ver a señores pecholobo rompiendo bloques de hielo y usando nunchakus. Que por cierto, no los hemos visto en ningún combate por si alguien era golpeado de verdad.

Si Veredicto Implacable es un truño, entrañable pero un truño al fin y al cabo, insisto en que no es por culpa de los actores que aparecieron en él. Ellos hicieron lo que pudieron. Es por las circunstancias que la rodearon. La intención de Cascales y Ozores fue subirse al filón de las pelis de hostias que poblaban los videoclubs de la época, pero les salió el tiro por la culata. Pasar de rodar “¡No hija, no!” a encargarse de algo así fue un salto demasiado grande y difícil de afrontar. Y el resultado es esta rareza descatalogada. Como diría Jesús Puente, que en paz descanse:

No se olviden de rebobinar la cinta antes de devolverla a su videoclub“.
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2 comentarios en “La película de la semana: “Veredicto implacable”

  1. No la he visto pero supongo que es de esas peliculas en que es mas divertido hablar de ellas que visionarlas XD

    Lo de Jesús Puente me parece ya lo mejor de lo mejor, el colofón perfecto al despropósito!

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